Murió de cáncer Ana Zabaloy, la maestra rural que luchaba contra los agrotóxicos

Segunda Sección 11 de junio de 2019 Por
Ana Zabaloy fue una de las referentes que peleó para frenar el uso de estos productos cerca de las escuelas.
ana zabaloy
Foto: Tiempo Argentino.

Ana Zabaloy, la maestra rural que luchaba para frenar el uso de agrotóxicos en cercanías a las escuelas, murió de cáncer el sábado 8 de junio en San Antonio de Areco. Había sido envenenada con agrotóxicos durante los seis años que estuvo al frente de la escuela N° 11 de dicha localidad.

Además de docente, la mujer era psicopedagoga y ejerció la docencia en zonas rurales, donde integró la Red de Docentes por la vida luego de advertir, en carne propia, que las fumigaciones en los alrededores de las escuelas afectaban de manera directa a la comunidad educativa.

En un documental, Zabaloy contaba lo que le sucedía a diario al estar en contacto con estos productos, y se refería al accionar de las empresas que arrojan glifosato desde aviones o por tierra: "Me pasó de llegar a las clases y encontrarme con máquinas fumigando, sin poder detenerlas. Aspiré lo que se estaba fumigando, volví con la cara paralizada y después de ese acontecimiento las familias de los chicos empezaron a hablar de cómo fumigan en sus casas”, precisó.

Hace un tiempo, la mujer publicó una carta abierta en la cual le contaba a las autoridades su situación, y pedía que tomen cartas en el asunto: "Somos muchas las docentes rurales que padecemos esta misma realidad, las fumigaciones nos atravesaron la vida y en muchos casos se llevaron por delante nuestra salud. Nadie nos los contó. Somos testigos obligados del costo humano del actual sistema productivo. Vimos a nuestros alumnos sufrir los efectos de las fumigaciones en la salud, así como si la Constitución Nacional y los derechos del niño ni la mismísima ley de educación nacional no fueron aplicables a los niños de las zonas rurales ni a sus familias , todos rociados con venenos por aire y tierra", agregaba en otro fragmento.

"La realidad es que en esta lucha hay unos grandes ausentes: en primer lugar las autoridades de la dirección general de escuelas, a las que parece no importarles que tantos niños en nuestro país junto a sus docentes sean fumigados como insectos durante las horas de clases, afectando sus derechos a desarrollarse y a educarse en un ambiente sano”.

En el último tramo de su texto, concluyó con una frase que terminó por corroborarse con su fallecimiento, pero que servirá para tomar concienza sobre el uso de los agrotoxicos. “Paren de enfermarnos. Paren de matarnos”.

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